domingo, 20 de marzo de 2011

Tarde o temprano se apaga esa llama que somos: luz diminuta capaz de iluminar la oscuridad del universo.
Se apaga la llama y precisa que todos la soplemos; nada ocurre sin la bendición de todos.
Aliento por aliento.
Gratitud inmensa.
Milagro que abarca la luz y las tinieblas.
Otra luz se enciende a lo lejos.
Tenemos la obligación de seguir brillando; un poco más, ahora que soplamos con amor y angustia la llama que encendió la lámpara que aún arde en nuestro pecho.
Aliento por aliento.
Gratitud inmensa.

2 comentarios:

  1. Con estas palabras, seguro que la llama dura más.

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  2. Intentará dar más luz, al menos.
    Gracias, Juanjo

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